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Tendrás oportunidad de obtener lecturas seleccionadas de conocidos
autores como así también cuentos cortos para distintos actos o para cubrir
necesidades del aula, en nuestro CD "SALA DE MAESTROS".
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| 1 |
CANCIONES PARA LAVARSE LAS MANOS |
| 2 |
ENSALADA DE CUENTOS |
| 3 |
CANCIÓN DE TOMAR EL TE |
| 4 |
EL REY, EL MAR Y EL DELFÍN |
| 5 |
CANCIONES PARA HACER SILENCIO |
| 6 |
CUCÚ |
| 7 |
PINOCHO |
| 8 |
EL CARACOL |

1
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CANCIONES
PARA LAVARSE LAS MANOS
1)
Las manitos están sucias
y ahora... ¿ qué haré?
Con el agua y con la espuma,
blanquitas las dejaré.
Con la toalla suavecita
las podré secar
y mis manos picaronas
Volverán a jugar.
2) El dedito se ensució y escondido se quedó
en el fondo del bolsillo
sin jabón y sin cepillo.
Asomado a la pileta
el dedito se cayó
se mojó con agua fría
y después se enjabonó.
3) Una mano y otra manito,
se juntaron para lavar,
lava, lava, lavan juntitas
sus deditos que sucios están.
4) A
lavarse las manitas
con agüita y con jabón
para que queden blanquitas
como nubes de algodón. |
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2
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Ensalada
de cuentos
Había una vez, un
muñeco de madera que se llamaba Pinocho. Vivía con su abuelita en el
bosque.
Un día que la abuelita no
se sentía bien y se quedó en la cama, llamó a Pinocho y le dijo: -
Pinocho, al salir de la escuela traéme manzanilla para hacerme un té. No
te quedes jugando y volvé pronto.
-Si abuelita. Y en cuanto lo dijo , la nariz le creció un poquito.
Y Pinocho se fue rápido para que la abuela no lo viera.
Cuando iba a la escuela se encontró con uno de los enanitos que estaba
preparando una caña para ir a pescar.
El enanito le dijo: - Hola Pinocho, ¿querés venir a pescar al lago cerca
de mi casa?
-Vamos, dijo Pinocho, olvidándose
de los consejos de la abuela.
Cuando llegaron, Pinocho se asomó
a la orilla para ver los peces y quiso tocarlos, y en un descuido se
cayó al agua. El enanito lo quiso escuchar a salir pero solo no pudo.
Pinocho gritaba asustado. El enanito fue a buscar a los otros y entre
todos con una soga lograron sacarlo. Lo llevaron a la casita, Pinocho
lloraba y tenía mucho frío.
Uno de los enanitos le sacó las
ropas al fuego, entre dos lo metieron en la cama; otro le dio la sopa
caliente, uno le contó un cuento, otro le planchó la ropa y el más
chiquito le dio un caramelo.
De pronto Pinocho vio por la
ventana que ya era de noche y pensó en su abuelita que estaría
preocupada esperándolo con la manzanilla.
Los enanitos le dieron un frasco
para llevarle pronto a su abuela y le dijeron que con eso se le iban a
curar todos los dolores.
Pinocho tomó el frasco, se
despidió de los siete enanitos y se fue corriendo hacia su casa.
Cuando llegó, su abuelita estaba
preocupada y le preguntó a Pinocho que le había pasado que venía tan
tarde. Pinocho se puso a llorar y
entre sollozos le contó a su abuela lo que le había pasado; y le
prometió no distraerse más por el camino y hacer ;o que la abuela le
pedía.
Pinocho fue a la cocina y le
preparó el té con la hierba que le dieron los enanitos.
La abuelita lo tomó y se sintió
muy bien.
Y así, Pinocho y su abuelita se
fueron a dormir tranquilos y felices. |
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3
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CANCIÓN DE TOMAR EL TÉ |
Estamos
invitados a tomar el té.
La tetera es de porcelana
pero no se ve,
yo no sé por qué.
La leche tiene frío
y la abrigaré,
le pondré un sobretodo mío
largo hasta los pies,
yo no sé por qué.
Cuidado cuando beban,
se les va a caer
la nariz dentro de la taza
y eso no esta bien,
yo no sé por qué.
Detrás de una tostada
se escondió la miel,
la manteca muy enojada
la retó en inglés,
yo no sé por qué.
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Mañana
se lo llevan preso
a un coronel
por pinchar a la mermelada
con un alfiler,
yo no sé por qué.
Parece que el azúcar
siempre negra fue
y de un susto se puso blanca
tal como la ven,
yo no sé por qué.
Un plato timorato
se casó anteayer.
A su esposa la cafetera
la trata de usted,
yo no sé por qué.
Los pobres coladores
tienen mucha sed
porque el agua se les escapa
cada dos por tres,
yo no sé por qué. |
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4
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El
rey, el mar y el delfín Érase
una vez un hombre que vivía muy lejos del mar y soñaba con la
inmensidad. Había días felices, con paseos por el jardín y muchas
risas. Entonces los amigos de este hombre solían decir:
-Míralo cómo se ríe, míralo
qué contento está, se está acordando del mar.
Y había días tristes, de
melancolía, de pena:
-Míralo qué triste está, mira
cómo se pierde su mirada, se está acordando del mar -solían decir.
Cierto día llegó a palacio un
duende -porque este hombre era un rey- y le dijo:
-Señor, si dejaras de soñar
terminaría tu tristeza.
-Pero tengo miedo de que termine
también mi alegría -repuso el rey.
-¿Por qué no emprendes un
viaje, alteza, y ves el mar? -preguntó el duende.
El rey lo pensó dos veces, luego
cepilló la crin de su caballo, ensilló, montó y se perdió detrás de
los montes Urivales, que eran los montes de aquel reino.
Unas semanas después, cerca de
la Pascua, el rey regresó a palacio.
Traía la mirada profunda y la
sonrisa a flor de labios.
Encargó los asuntos del reino a
un primo de nombre Archibaldo y declaró:
-Debo volver cerca del mar.
Cepilló la crin de su caballo,
ensilló, montó y se perdió detrás de los montes Urivales, que eran
los montes de aquel reino. El rey pasaba los días sentado a la orilla
del mar, mojándose las manos y chapoteando con los pies descalzos. La
corona le estorbaba, así que se la regaló a una anguila. A la hora del
crepúsculo el rey paseaba, recogía conchitas y disfrutaba el sonido
espumoso que hacía la arena cada vez que una ola se retiraba. Así
pasaron muchos años. Justo un día antes de que el rey empezara a
ponerse viejo llegó un visitante de largas barbas. El visitante venía
de las profundidades del mar, lo acompañaban sirenas y peces de todos
tamaños.
-¿Qué te trae por aquí?
-preguntó el rey.
-Soy Neptuno y vengo a ofrecerte
que vivas con nosotros, dentro del mar -respondió el visitante.
-¡Acepto!- se apresuró a decir
el rey.
Neptuno tronó los dedos y el rey
se convirtió en delfín. Entró al agua, se dio varios chapuzones,
aleteó alegremente. Los otros delfines miraban complacidos al rey que
se había convertido en delfín.
El rey estaba tan contento de ser
delfín que empezó a reírse.
-Oye, los habitantes del mar no
acostumbramos reírnos, eso es cosa del hombre -dijo Neptuno.
Pero ya era demasiado tarde:
todos los delfines imitaban al rey y reían en el momento de alzar su
cuerpo sobre las olas.
FIN
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5
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CANCIONES PARA HACER
SILENCIO
1) Abro una mano,
abro la otra,
cierro los ojos,
abro la boca.
Cierro una mano,
cierro la otra,
abro los ojos,
cierro la boca.
2)
Tapa tapita
Tapón.
Cierro la boca
Ya esta!
3)
La lechuza, la lechuza
Hace shhh, hace shhh
Todos calladitos
Como la lechuza
Que hace shhh, que hace shhh.
4)
Rolla rolla desenrolla (lo hacemos con las manos)
estiro estiro
plaf plaf plaf (aplaudimos)
(hacemos rolla grandes y chiquitos en voz baja hasta lograr el
silencio...)
5) Era un girasol,
era un girasol
que miraba al sol, que miraba al sol
lo trajo Julián, lo trajo Julián
y ya lo verán y ya lo verán.
Pam pam pam
(Lo cantamos así,
al compás de las palmas y al final chistando)
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6
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CUCÚ
Cucú,
cantaba la rana,
cucú, debajo del agua;
cucú, pasó un caballero,
cucú, vestido de negro;
cucú, pasó una gitana,
cucú, vestida de lana,
y comiendo pan;
le pedí un pedazo,
no me quiso dar;
la cogí del brazo
y la hice bailar.
Si el cucú
te gusta volveré, a empezar...
Anónimo
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7
PinochoHasta el
viejo Hospital de los muñecos,
llegó el pobre Pinocho mal herido,
un cruel espantapájaros bandido,
lo sorprendió durmiendo y lo atacó.
Llegó con su
nariz hecha pedazos
y una pierna en tres partes astilladas
y una lesión interna y delicada,
el médico de guardia lo advirtió.
Al
viejo cirujano, llamaron con urgencia
y con su vieja ciencia, pronto lo remendó,
pero dijo a los otros muñecos internados,
todo esto será en vano le falta un corazón.
El caso es
que Pinocho estaba grave
y en si de su desmayo no volvía
y el viejo cirujano no sabía,
a quien pedir prestado un corazón.
Entonces llegó
el Hada protectora
y viendo que Pinocho se moría,
le puso un corazón de fantasía
y Pinocho sonriendo despertó
y Pinocho sonriendo despertó.
Pinocho,
Pinocho, hay pobre Pinocho
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8
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EL CARACOL
Aquel caracol
que va por el sol,
en cada ramita
llevaba una flor.
¡Que viva la
gracia,
que viva el amor,
que viva la gracia
de aquel caracol! ...
ANÓNIMO
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