Tal
vez, en su pueblo, Vespucio, siendo joven soñó con ser alguien; ese
sueño lo impulsó a viajar a la gran urbe sin dejar de sentir y llevar su
canto natural acunado por el marrón del río Bermejo, color de su Salta
musical.
Fue
allá, por el '64, cuando el buen folklore ondulaba sobre un mar de
ilustres poetas y compositores, que formaron con la música y los versos
la "época de oro". Y ahí, en ese momento, surgió en Salta el
Chango, muchacho sencillo, convencido de poder ser y de lo que debía
hacer, no sólo por él, también por su lugar y sus compueblanos.
Comenzó
a caminar por las calles del canto folklórico, llegando a la Roma del
cantar criollo, Cosquín, cuando éste estaba ya en su quinta edición;
allí participa y es consagrado Revelación de ese año, consagración
reservada para elegidos por un público sabedor de cualidades del decidor
de canciones.
Desde
ese entonces llevó a su tierra petrolera por todos los caminos, por
cientos de escenarios, por infinidad de ciudades, con su canto y su bombo.
Sólo queremos hacer una pequeña semblanza de este Chango, el chango de
los ojos cerrados, uno de los cantores más encumbrados de Salta.