Cachi
- Cuesta del Obispo
Dos ríos lo alaban y lo estrechan en un
abrazo nival varios picos de cercanas serranías. Cachi tiene figura e
intimidad, su rostro blanco resplandece cuando el sol alumbra y tiene un
perfil ondulante cuando las luces de las farolas iluminan sus calles
ásperas de empedrado antiguo.
Llegar a Cachi significa atravesar increíbles
caminos cargados de la historia del Valle de Lerma. Tras éste, se penetra
en lugares de vegetación frondosa, como la Quebrada de Escoipe, que se
asoma en Los Laureles, continuando por parajes tales como Astudillo, Las
Ánimas, Chorro Blanco, Piedra Baya y otras, siempre acompañados por aguas
que bajan de inmensas montañas de coloridas laderas.
Orillando
precipicios y barrancos, caracoleando entre el azul celeste de ese cielo y
la neblina de la altura, trepamos hasta llegar a la maravillosa Cuesta del
Obispo. El esfuerzo vale la pena; tiene como premio la Piedra del Molino a
3620 m sobre el mar, mojón que nadie explica el porqué de su
destino supremo en esa grandeza, que simboliza llegar al punto culminante
de la Cuesta. Luego, por Cachipampa, se llega a la recta del Tin Tin,
donde nos contempla la custodia vegetal de los cardones para que, de
improviso, nos encontremos con altos veredones, casas blancas y bajas a la
vera del camino: es Payogasta.
Después, las
áridas colinas con el Calchaquí bordeando, dando una vuelta, cruzando un
puente entramos a las pintorescas calles de Cachi, recostado sobre ocres
montañas y nieves eternas.