El
hígado, la glándula más grande del cuerpo humano, de color
rojo oscuro, ocupa el lado derecho del abdomen y alcanza en el
adulto un peso aproximado de 1.500 g. En el hígado se aprecian
dos caras: una superior, convexa, que se halla adosada al
diafragma, y otra inferior, de forma cóncava, que se encuentra
apoyada parcialmente sobre el estómago y el intestino.
En esta última cara se pueden distinguir tres surcos en forma
de H que dividen al hígado en cuatro lóbulos, cada uno de los
cuales, a su vez, está dividido en varios lobulillos.
El hígado cumple en el cuerpo humano una múltiple
función:
- Función
desintoxicadora: Todas las sustancias tóxicas que
llegan al hígado desde el estómago y los intestinos son
transformadas en sustancias no perjudiciales para el
organismo, que luego son excretadas al exterior.
- Función
biliar: El hígado elabora diariamente unos 750 cm3 de
una sustancia muy importante en el proceso digestivo,
denominada bilis. Esta no contiene enzimas
digestivas, sino que su importancia en la digestión viene
determinada por su contenido en sales biliares, que
facilitan la digestión de las gotas de grasa y hacen
solubles los productos finales de la digestión de las
propias grasas para que puedan pasar a los vasos linfáticos
a través de la mucosa intestinal. El hígado secreta la
bilis de forma constante y no intermitentemente, quedando
almacenada en la vesícula biliar hasta que su
presencia es requerida por el intestino. Cuando esto ocurre,
la vesícula vacía su contenido bajo el efecto de la colecistoquinina,
la misma hormona que pone en marcha el mecanismo de la
secreción de enzimas por el páncreas.
- Función de
síntesis: El hígado interviene en la síntesis de
vitamina K, fundamental en el proceso de coagulación, y
también sintetiza urea a partir del amoniaco formado
durante la digestión, urea que será eliminada por la
orina.
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